Provincia "Nuestra Señora de la Paz". El Salvador, C. A.



Provincia "Nuestra Señora de la Paz",
fue eregida el 12 de diciembre de 1993,
en San Salvador, El Salvador, C. A.





ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

Señora y Madre nuestra, Virgen Santa María, Reina de la Paz, Protectora de nuestra Provincia. Venimos hasta ti para rogarte por la paz. La Paz que el mundo busca sin encontrar. La Paz que tu Hijo Jesucristo vino a traernos. 

La Paz cuya única fuente verdadera es Cristo Jesús. Rogamos que intercedas por nosotros para que nos abramos a la paz que viene de Dios.

Acudimos a ti para que esa paz que Dios nos ofrece en Jesús, la recibamos, la conservemos y la llevemos al mundo.

Ayúdanos para que seamos artífices de la Paz. Que tu maternal auxilio nos haga valientes, pacientes y eficaces para comprometernos a trabajar por

Nuestra Señora de la Paz, 
Ruega por nosotros. 








Somos una Provincia de la Congregación de Hermanas Franciscana de la Inmaculada Concepción, que profesa los consejos evangélicos siguiendo la espiritualidad franciscana, definida en el carisma fundacional























Mt.  28, 1-20
1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro.
2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Angel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella.
3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
5 El Angel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba,
7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles».
8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
9 De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.
10 Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».
11 Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.
12 Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,
13 con esta consigna: «Digan así: «Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos».
14 Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo».
15 Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.
16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
17 Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
18 Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
19 Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
20 y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

       
¡FELICICES PASCUAS DE 

RESURECCIÓN!
Domingo de Resurrección
La Resurrección es fuente de profunda alegría.

A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más

con caras tristes. Contempla los lugares donde Cristo

se apareció después de Su Resurrección
Domingo de Resurrección
Domingo de Resurrección


Importancia de la fiesta

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido toda nuestra religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles.

Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?

Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección, pues podemos estar seguros de que, después de una corta vida en la tierra, si hemos sido fieles, llegaremos a una vida nueva y eterna, en la que gozaremos de Dios para siempre.

San Pablo nos dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (I Corintios 15,14)

Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios.

Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados, demostrar al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte.

La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.

Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo.

Con el Domingo de Resurrección comienza un Tiempo pascual, en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión.

Pascua de Resurrección, la principal fiesta cristiana


Correo electrónicoImprimirPDF
La Pascua es la fiesta principal para judíos y cristianos. El judaísmo conmemora en ella el éxodo de Moisés, cuando sacó de Egipto al pueblo escogido en busca de la tierra prometida. Los cristianos celebran la resurrección de Cristo, nuestra “fiesta mayor” como la llamó el papa León I. Cristo es inmolado el mismo día de la Pascua en que eran sacrificados los corderos en el templo.

Hay una continuidad grande entre el Antiguo y el Nuevo Testamento que se manifiesta en esta celebración. Precisamente la Pascua tiene una fecha variable porque no se rige por nuestro calendario solar, sino por el calendario judío, basado en las fases de la Luna. Es, por ello, el domingo siguiente a la Luna llena posterior al equinoccio de primavera (21 de marzo). Este año —decimos— la Pascua “cae” tarde. En efecto, a finales de abril. Pero a la vez de la continuidad entre la celebración judía y la cristiana, conviene indicar que la pasión y resurrección de Cristo son unos hechos de tal trascendencia que —desde entonces— el Cordero pascual se convierte en “el único y verdadero sacrificio”, la ofrenda por antonomasia. Y la resurrección de Cristo, en prenda de nuestra propia resurrección.
Por ese motivo celebramos la Pascua como fiesta principal, y todos los domingos nos remiten a ella. ¡Cristo ha resucitado!

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y Primado