Provincia "Nuestra Señora de la Paz". El Salvador, C. A.



Provincia "Nuestra Señora de la Paz",
fue eregida el 12 de diciembre de 1993,
en San Salvador, El Salvador, C. A.





ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

Señora y Madre nuestra, Virgen Santa María, Reina de la Paz, Protectora de nuestra Provincia. Venimos hasta ti para rogarte por la paz. La Paz que el mundo busca sin encontrar. La Paz que tu Hijo Jesucristo vino a traernos. 

La Paz cuya única fuente verdadera es Cristo Jesús. Rogamos que intercedas por nosotros para que nos abramos a la paz que viene de Dios.

Acudimos a ti para que esa paz que Dios nos ofrece en Jesús, la recibamos, la conservemos y la llevemos al mundo.

Ayúdanos para que seamos artífices de la Paz. Que tu maternal auxilio nos haga valientes, pacientes y eficaces para comprometernos a trabajar por la paz. 

Nuestra Señora de la Paz, 
Ruega por nosotros. 














Somos una Provincia de la Congregación de Hermanas Franciscana de la Inmaculada Concepción, que profesa los consejos evangélicos siguiendo la espiritualidad franciscana, definida en el carisma fundacional
























EL SEÑOR CONSTRUYE NUESTRA CASA. 












17 Septiembre: Impresión de las Llagas de San Francisco



IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS DE SAN FRANCISCO. Desde su conversión a Dios, san Francisco profesó una grandísima devoción a los misterios de la pasión del Señor, y no cesó de meditar y de predicar, con su vida y su palabra, a Cristo crucificado. En septiembre de 1224, dos años antes de su muerte, se retiró al monte Alverna para consagrarse totalmente a la oración y la penitencia, y un día, mientras estaba sumido en contemplación, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo -manos, pies y costado- los estigmas de su pasión. Le sangraban, le causaban grandes sufrimientos y le dificultaban su vida y actividades, pero no cesó de viajar y predicar mientras sus fuerzas se lo permitieron. En vida del Santo, sus compañeros más cercanos pudieron ver las llagas de manos y pies, y a partir de su muerte todos pudieron contemplar también la llaga del costado. Benedicto XI concedió a la Orden franciscana celebrar cada año la memoria de este hecho, probado por testimonios fidedignos.- Oración: Dios de amor y de misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

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17 de septiembre
IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS A NUESTRO SERÁFICO PADRE SAN FRANCISCO
Familia Franciscana: FIESTA 
Desde su conversión, el Seráfico Padre San Francisco veneró con grandísima devoción a Cristo crucificado. Hasta su muerte no cesó, con su vida y su palabra, de predicar al Crucificado. En 1224, mientias estaba sumido en contemplación divina en el monte Alvernia, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo los estigmas de su pasión. Benedicto XI concedió a la Orden franciscana celebrar cada año la memoria de este hecho, probado por testimonios fidedignos.
Himnos latinos propios en el Apéndice II. 

Invitatorio
Ant. Venid, adoremos a Cristo Rey, que selló a Francisco con las llagas de su pasión.
El salmo invitatorio como en el Ordinario.
Oficio de lectura
HIMNO
I
Con la primera luz de la alborada
sale Francisco, fervoroso, al monte,
cuando el sol ilumina el horizonte
se abisma en la oración.
Y es tan hondo su amor a Jesucristo,
que anhela transformarse en el que ama,
y se convierte en ardorosa llama
de intensa compasión.
Serafín él también, aunque en la carne,
contempla al Serafín crucificado.
Todo su ser, dichoso y angustiado,
se concentra en amor.
Con los ojos brillantes como estrellas,
el alma en vilo, bebe la dulzura,
mientras se imprimen en su carne pura
las llagas del Señor.
Francisco, fiel amor, padre y maestro,
alcánzanos saber morir al mundo
y vivir para Aquel que, en lo profundo,
te selló con su cruz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
gloria a la Santa Trinidad divina
que nos sella, transforma e ilumina
con su sagrada luz. Amén.
O bien:
II
Dios como a su espejo os trata,
Francisco; que gusta Dios
de ver retratado en vos
el mismo amor que le mata.
Tan bien a Dios retratáis,
que el mismo Dios parecéis,
aunque en la cruz excedéis;
que en él os crucificáis.
Dios sus heridas retrata
en vos, porque gusta Dios
de ver retratado en vos
el mismo amor que le mata.
Es de Dios tanto el amor,
aunque en sí te considere,
que tener espejo quiere
para que le haga mayor.
Y como tanto retrata
el vuestro, santo, al de Dios,
gusta de mirar en vos
el mismo amor que le mata.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1. La mano del Señor se posó sobre mí y me llevó a la cima del monte.
Los salmos, del Común de pastores.
Ant. 2. Vi aquella magnífica visión y mi semblante quedó desfigurado.
Ant. 3. La gloria del Señor apareció como fuego voraz sobre la cumbre del monte.
V. Tus flechas se me han clavado.
R. Tu mano pesa sobre mí.
PRIMERA LECTURA
De la carta del apóstol San Pablo a los Gálatas                          
5, 24–26; 6, 2–5. 7–10. 14–18
Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús
Hermanos: Los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu. No seamos vanidosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.
Arrimad todos el hombro a las cargas de los otros, que con eso cumpliréis la ley de Cristo. Por supuesto, si alguno se figura ser algo, cuando no es nada, él mismo se engaña. Cada cual examine su propia actuación, y tenga entonces motivo de satisfacción refiriéndose sólo a sí mismo, no refiriéndose al compañero; pues cada uno tendrá que cargar con su propio bulto.
No os engañéis, con Dios no se juega: lo que uno siembre eso cosechará. El que siembra para la carne, de ella cosechará corrupción; el que siembra para el espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
Por lo tanto, no nos cansemos de hacer el bien, que, si no desmayamos, a su tiempo cosecharemos. En una palabra: mientras tenemos ocasión, trabajemos por el bien de todos, especialmente por el de la familia de la fe.
Lo que es a mí, Dios me libre de gloriárme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.
En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amen.
RESPONSORIO                                                                                            Cf. 2Co 4, 10; Rm 8, 29
R. Llevo en mi cuerpo la muerte de Jesús. * Para que también la vida de Jesús se manifieste en mi cuerpo.
V. Dios me predestinó a ser imagen de su Hijo. * Para que también.
SEGUNDA LECTURA
De la Leyenda menor de san Buenaventura, obispo
(Núm. 6, 1–4; BAC 399, San Francisco de Asís, Madrid 1980, pp. 520–522)
Por las llagas se convirtió Francisco en imagen del Crucificado
Francisco, fiel siervo y ministro de Cristo, dos años antes de entregar su espíritu a Dios, habiendo iniciado en un lugar elevado y solitario, llamado monte Alverna, la cuaresma de ayuno en honor del arcángel San Miguel –inundado más abundantemente que de ordinario por la dulzura de la suprema contemplación y abrasado en una llama más ardiente de deseos celestiales–, comenzó a experimentar un mayor cúmulo de dones y gracias divinas.
Elevándose, pues, a Dios a impulsos del ardor seráfico de sus deseos y transformado, por el efecto de su tierna compasión, en aquel que, en aras de su extremada caridad, aceptó ser crucificado, una mañana próxima a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, mientras oraba en uno de los flancos del monte, vio bajar de lo más alto del cielo así como la figura de un serafín, que tenía seis alas tan ígneas como resplandecientes. En vuelo rapidísimo avanzó hacia el lugar donde se hallaba el varón de Dios, deteniéndose en el aire. Y apareció no sólo alado, sino también crucificado: tenía las manos y los pies extendidos y clavados a la cruz, y las alas dispuestas, de una parte a otra, en forma tan maravillosa, que dos de ellas se alzaban sobre su cabeza, las otras dos estaban extendidas para volar, y las dos restantes rodeaban y cubrían todo el cuerpo.
Ante tal visión quedó lleno de estupor y experimentó en su corazón un gozo mezclado de dolor. En efecto, el aspecto gracioso de Cristo, que se le presentaba de forma tan misteriosa como familiar, le producía una intensa alegría, al par que la contemplación de la terrible crucifixión atravesaba su alma con la espada de un dolor compasivo. Al desaparecer la visión después de un arcano y familiar coloquio, quedó su alma interiormente inflamada en ardores seráficos y exteriormente se le grabó en su carne la efigie conforme al Crucificado, como si a la previa virtud licuefactiva del fuego le hubiera seguido una cierta grabación configurativa.
Al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las señales de los clavos, viéndose las cabezas de los mismos en la parte interior de las manos y en la superior de los pies, mientras que sus puntas se hallaban al lado contrario.
Asimismo, el costado derecho –como si hubiera sido traspasado por una lanza– llevaba una roja cicatriz, que derramaba con frecuencia sangre sagrada.
Y, luego que este hombre nuevo Francisco fue marcado con este nuevo y portentoso milagro –singular privilegio no concedido en los siglos pretéritos–, descendió del monte el angélico varón llevando consigo la efigie del Crucificado, no esculpida por mano de algún artífice en tablas de piedra o de madera, sino impresa por el dedo de Dios vivo en los miembros de su carne.
RESPONSORIO                                                                                                            Cf. Ga 6, 14. 17
R. Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. * Por quien el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
V. En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. * Por quien.
HIMNO Te Deum.
Oración
Dios de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir etenamente con él. Que vive y reina contigo.



Laudes
HIMNO
I
Venid, que en el monte Alvemia,
como a Moisés en la zarza
que ardía sin consumirse,
Dios por Francisco nos habla.
Cristo en la cruz es su vida.
Francisco en su amor se abrasa.
Que si «el Amor no es amado»
Francisco por todos ama.
Un serafín presuroso,
con dardos que Amor, inflama,
en su pecho, pies y manos
hace florecer las llagas.
Cinco señales divinas
llevan de Cristo la marca.
Nuevo lenguaje de amor
que Dios por Francisco habla.
Un sol en fulgor temprano
hoy desveló la mañana.
Cuerpo de Cristo es Francisco,
Cristo de Francisco es alma.
Francisco en gozo se inmola
con el dolor de sus lágrimas.
Dolor y gozo son siempre
testimonio de quien ama.
Gloria al amor de Dios Padre
que por su Hijo nos salva.
Gloria al Espíritu Santo
que por Francisco nos llama. Amén.
O bien:
II
En la cumbre de La Verna
se han dado Cita de amor
el siervo con su Señor,
unidos en Pascua eterna.
Del cielo el Señor venía,
Hijo de Dios humanado,
tenía el cuerpo llagado
y el rostro resplandecía.
¡Oh Jesús, el más hermoso
entre los hijos de Adán,
libres tus lazos están,
para el abrazo de esposo!
Y Francisco se ha quedado
de gracia y amor transido;
por Cristo se encuentra herido
en manos, pies y costado.
La Reglaved ya cumplida
en el monte de la Alianza;
amor que la sangre alcanza
es de aquél que da la vida.
Gloria a ti, Cristo benigno,
en el precioso madero;
para el gozo verdadero
guárdanos bajo tu signo. Amén.
Ant. 1. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.
Los salmos y el cántico, del domingo de la semana I.
Ant. 2. Cristo se ha apoderado de mí para llevarme a su conocimiento y a la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte.
Ant. 3. Se manifestará en mi persona la grandeza de Cristo: para mí la vida es Cristo.
LECTURA BREVE                                                                                                       Ga 6, 14. 17–18
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.
RESPONSORIO BREVE
R.
 Tus flechas se me han clavado. * Tu mano pesa sobre mí. Tus flechas.
V. Siento palpitar mi corazón, me abandonan las fuerzas. * Tu mano. Gloria al Padre. Tus flechas.
Benedictus, ant. Francisco, mártir de deseo, te visitó el Sol que nace de lo alto y renovó maravillosamente en tu cuerpo las señales de nuestra redención.
PRECES
Glorifiquemos a Cristo que, por su muerte y resurrección, edificó su Iglesia y nos ha llamado al seguimiento de Francisco, y supliquémosle humildemente diciendo:
Consérvanos, Señor, en tu santo servicio.
Tú que viniste a evangelizar a los pobres, enséñanos a propagar tu Reino de palabra y de obra,
y a instaurarlo con éxito entre los hombres.
Tú, que eres luz de los pueblos y maestro de santidad, hazque permanezcamos firmes en la fe verdadera,
para que proclamemos tu nombre en todo el mundo.
Tú, que diste el mandamiento nuevo de que nos amáramos unos a otros,
concédenos trabajar por el bien de todos los hombres.
Tú, Sabiduría del Padre, ilumina nuestras inteligencias,
para que, fieles a la verdad, permanezcamos en el amor.
Tú, que trabajaste con tus propias manos, dirige nuestro trabajo,
para que todos los que vean nuestras obras glorifiquen a Dios Padre.
Padre nuestro.
Oración
Dios de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Que vive y reina contigo.
 Hora intermedia
Las antífonas y los salmos, de la feria correspondiente. 
Tercia
LECTURA BREVE                                                                                                            Ga 2, 20–21
Mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Yo no anulo la gracia de Dios.
V. Cuando se multiplican mis preocupaciones.
R. Tus consuelos son mi delicia. 
Sexta
LECTURA BREVE                                                                                                               Rm 6, 4–6
Así como Cristo fue resucitado de entre los  muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya. Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo.
V. El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo.
R. Que cargue con su cruz y me siga.
Nona
LECTURA BREVE                                                                                                              Rm 6, 8. 11
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Vosotros consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
V. Se inflaman los piadosos corazones.
R. En la celebración de los gloriosos estigmas de San Francisco.
La oración como en Laudes. 




Vísperas
HIMNO
I
Lo ha tocado el Señor;
mirad palma con palma,
manos de dos amigos
en una cruz clavadas.
Hermano de los hombres
y aun de las bestias bravas,
hermano de Jesús
que en sí todo lo hermana.
¡Oh cuánto el corazón
contempla, gime y ama!
iCuán alto en la montaña,
cuán cerca en la llanada!
La norma, el Evangelio;
su vida, las pisadas
de aquel Jesús que quiso
pisar donde mi planta.
Francisco, el de las calles
por él enamoradas…,
Francisco, a quien el mundo
hoy alza su esperanza.
¡Loado, mi Señor,
por tan cercana gracia:
por el humilde hermano
marcado con tus llagas! Amén.
O bien:
II
Por esas cinco roturas
mostráis el brocado fino,
que tejió con penas duras
Cristo en su cuerpo divino;
con que el mundo a decir vino,
pues que tal ropa traéis,
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.
Con que más claro mostráis
que andáis muy enamorado;
pues la librea lleváis
que es propia de nuestro Amado;
y estáis en él transformado,
tanto, que decir podéis
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.
Rompieron la ropa a Dios
unos hombres inhumanos;
mas, Francisco, Dios a vos
os la rompió con sus manos:
Francisco, ¿qué más queréis?
Que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.
Por tan singular merced
por todos a Dios rogad,
a todos favoreced,
a todo el mundo ayudad,
que con gran facilidad,
Francisco, hacerlo podéis,
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis. Amén.
Ant. 1. De muchas maneras manifestó Dios en el bienaventurado Francisco el misterio de la cruz.
Los salmos y el cántico, de las II Vísperas del Común de pastores.
Ant. 2. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste, crucificado.
Ant. 3. Sufrió la muerte en su cuerpo, pero recibió vida por el Espíritu.
LECTURA BREVE                                                                                                       Ga 6, 14. 17–18
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.
RESPONSORIO BREVE
R. Has sellado, Señor Jesucristo, * A tu siervo Francisco. Has sellado.
V. Con el emblema de nuestra redención. * A tu siervo Francisco. Gloria al Padre. Has sellado.
Magníficat, ant. He muerto para el mundo, y mi vida está, con Cristo, escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también nosotros apareceremos juntamente con él, en gloria.
PRECES
Invoquemos, hermanos, a Dios Padre, fuente de toda santidad que, por la intercesión y ejemplo de nuestro Padre San Francisco, nos guía por el camino de la santidad, y digámosle:
Escúchanos, Señor.
Padre santo, que hiciste a tu siervo Francisco imitador perfecto de tu Hijo,
haz que nosotros siguiendo sus huellas, observemos fielmente el Evangelio de Cristo.
Padre de bondad, guía nuestros pasos por el camino de la paz siguiendo el ejemplo de nuestro Padre San Francisco,
para que, con sincero corazón, vivamos en obediencia, sin propio y en castidad.
Padre altísimo y omnipotente, que dispersas a los soberbios de corazón y enalteces a los humildes,
concédenos imitar a nuestro seráfico Padre en la virtud de la humildad.
Padre de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo a tu siervo Francisco,
concédenos gloriarnos siempre de la cruz de Cristo.
Padre indulgente, que por las súplicas de nuestro Padre San Francisco otorgaste el perdón a los pecadores,
muestra tu rostro a nuestros hermanos difuntos.
Padre nuestro.
Oración
Dios de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Que vive y reina contigo.





BENDICIÓN 
DE SAN FRANCISCO 
[1]
El Señor te bendiga y te guarde. + El Señor te muestre su rostro y tenga misericordia de ti. + Vuelva el Señor su rostro hacia ti y te conceda la paz. + El Señor bendiga + este su siervo.
 ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Bienaventurado Padre San Francisco, dirigid compasiva mirada desde el excelso trono de vuestra gloria y rogad por vuestro pueblo; por este pueblo que habéis escogido para que en todo tiempo sirva delante de Vos en el ministerio del Señor. Así sea.
DÍAS

DÍA PRIMERO [Ir al principio de esta página]

Admirable Padre San Francisco, ángel de paz y heraldo del Rey de reyes, que con vuestras virtudes sois una de las mayores glorias de la Iglesia, obtenedme por vuestras llagas y por vuestras grandezas, las virtudes propias de mi estado y la gracia que os pido, si es la voluntad de Dios.Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

DÍA SEGUNDO [Ir al principio de esta página]

Glorioso Padre San Francisco, Arca de santidad y fundador de la Orden Seráfica, por lo cual sois aclamado grandioso Padre de ingentes multitudes en vuestras tres Ordenes de Menores, de religiosas franciscanas y de terciarios, alcanzadme el menosprecio del mundo y el deseo de las cosas celestiales. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.




DÍA TERCERO [Ir al principio de esta página]

Seráfico Padre San Francisco devotísimo de la Reina de los cielos, de la que recibisteis inefables bondades y la proclamasteis Patrona de vuestras obras, obtenedme la filial devoción a la Inmaculada Virgen María en tanto grado como es la voluntad de Dios. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

DÍA CUARTO [Ir al principio de esta página]

Santísimo Padre San Francisco, imitador del Hijo de Dios y copia exacta de Jesús, que por los copiosos dones de gracia que habéis recibido y por vuestra semejanza al Divino Redentor sois llamado Nuevo Cristo, haced que imite vuestros ejemplos para copiar más exactamente a Jesús, divino modelo de los predestinados. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


DÍA QUINTO [Ir al principio de esta página]

Pacientísimo Padre San Francisco, serafín abrasado y amante de la cruz, que fuisteis favorecido por Jesús con la impresión de las sagradas llagas en vuestro cuerpo, alcanzadme que lleve incesantemente la cruz y haga frutos dignos de penitencia. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.





DÍA SEXTO [Ir al principio de esta página]

Maravilloso Padre San Francisco, modelo de la perfección, que ocupáis en el cielo el lugar más elevado que perdió el más alto de los ángeles caídos, velad por vuestros hijos y devotos y haced que obtengan siempre las misericordias del Señor con vuestra amable bendición.Padrenuestro, Avemaría y Gloria.




DÍA SÉPTIMO [Ir al principio de esta página]

Taumaturgo Padre San Francisco, que obráis grandiosas maravillas en favor de los que se acogen a vuestro patrocinio y es vuestra eficacísima protección, lograd que se cumplan en mi las promesas hechas a vuestros hijos, de que ninguno se condenaría vistiendo dignamente el hábito, sino que obtendría la misericordia arrepintiéndose de sus pecados. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.



DÍA OCTAVO [Ir al principio de esta página]

Devotísimo Padre San Francisco, que sois "el santo más amante del Sagrado Corazón de Jesús, la víctima más identificada con El y el alma que se ofrece continuamente a la Justicia divina para obtener en El y por El misericordia para los pecadores y amor y gracia para las almas religiosas", acrecentad en mi el perfecto amor de Dios y del prójimo. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

DÍA NOVENO [Ir al principio de esta página]

Poderosísimo Padre San Francisco, auxilio de los que os invocan, que por querer de Dios libráis del Purgatorio las almas de vuestros hijos y lográis su entrada en el paraíso, hacedme verdadero hijo vuestro, para que merezca siempre vuestra valiosísima protección. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
ORACIÓN FINAL
Perfeccionad, Padre Seráfico, la viña que vuestras manos han plantado y escuchad las súplicas de vuestros hijos.
Padre mío San Francisco, rogad y bendecid a vuestros hijos y devotos. Amén.